Y de repente su mirada estaba en mi, era una rubia alta, cabello largo, medidas: 90, 60, 90; labios gruesos, buenas piernas. Estaba de rechupete vestida con una minifalda y una blusita que ay!ay!ay!. Se acercó a mi y me dijo: Hola!; yo, estupefacto, sentado en la barra tomandome una cerveza con mis amigos y escuchando su voz le respondí: Cómo estas?; no sabía que decir, era hermosa, era bella, era... ella.
Seguimos conversando; tu que haces, yo que hago, donde vives, cuantos años tienes... etc, etc, etc. En algún momento preguntó: Tu novia?, yo, indeciso, pensativo, preocupado le dije que no, eres simpático!, me respondió; entonces, en ese momento, en ese impreciso, indefinido, letardado momento se acercó a darme un beso, yo miré sus labios y sin más reparo me acerqué, mi corazón latía a 90 km/h, mi sangre subía a la cabeza y bajaba con un frio escalofriante y en el momento de juntar los labios, en ese preciso momento, el profesor de religión me regañó por estar durmiendo en clase.


1 comentario:
Me gusto mucho....tu cuento...y recuerda...Que no se pierdan las ganas de soñar
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